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MIEDO Y VIOLENCIA

 

El miedo es una experiencia universal que comienza muy tempranamente (Mannoni). El hombre no está frente al miedo sino que está con su miedo siempre potencial y siempre pronto a aparecer. Y con frecuencia su presencia queda indicada por la prudencia con que actuamos.

 

Al igual que la alegría, la tristeza, la cólera, el amor, el desagrado, el dolor, la seguridad, la inseguridad, el placer, el afecto y el desafecto, la satisfacción y la insatisfacción, la alegría y la tristeza, el amor forma parte del magma de afectos fundamentales.

 

El reconocimiento del peligro genera dos polaridades en un caso es hacerle frente y pasar al ataque como agresión con reacciones de furia, cólera y la brutalidad que se dan tanto mayores hasta llegar a la violencia, cuanto mayor haya sido el terror.

 

Por otra parte el miedo puede asociarse con la huída o con la sumisión, el escape, el sometimiento y la fuga.

Las dos actitudes de furia y el miedo parten de la captación de un peligro y del afán de protección.

 

Como durante las situaciones correspondientes a afectos intensos existe un angostamiento del campo de las facultades y el individuo es capaz, sea por el terror, el miedo, la violencia o la rabia, de un juicio a un anonadamiento coherente, de ahí que los actos en esas condiciones son o corresponden a regresiones como resultados de puntos de vista arcaicos.

 

Las formas de expresión y los correlatos sobre el miedo se expresan a través del sistema nervioso neurovegetativo al igual que en el caso de la violencia. Existe un miedo natural, si es exacto que el miedo está en relación con el surgimiento del universo perceptivo hay que considerar que comienza desde la vida intrauterina como una posibilidad de respuesta ante situaciones desapaciguantes.

 

Un miedo fundamental y claro es el cambio brutal que determina el llanto junto con el dolor y el miedo de que pueda repetirse en cuanto se empieza a sentir cualquier indicio de cualquier sentido que haya precedido al dolor sentido anteriormente.

 

El dolor a la pérdida del objeto amado, la pérdida del padre o de la madre en el sentido psicoanalítico se relaciona también con el miedo a la soledad que se estima es bastante claro alrededor del octavo mes. A los dos años y medio con frecuencia aparece el miedo a la oscuridad. En la oscuridad las representaciones pueden superar ese poder ansiógenos a la realidad justamente porque la ficción es sumamente ansiógena.

 

Los fenómenos naturales son origen de miedo y también, cuando son destructivos, son de rabia ante la impotencia de poderlos controlar.

 

El miedo a la enfermedad mental corresponde al temor ante la amenaza que no solamente le pudiera a ala amenaza del enfermo mental sino a la amenaza y el temor de uno mismo se enfermara de la mente. El miedo a lo desconocido y el miedo a morir también con frecuencia conduce a la violencia contra las fuerzas incontrolables que conducen a la muerte. La muerte es del dominio de la realidad y por ello es dable tenerla como un peligro objetivo de la misma manera como se puede temer a la guerra, las epidemias, las hambrúnas, al bandolerismo y al terrorismo.

 

Existe también el temor hacia lo sobrenatural referido a un poder divino o demoníaco. Estamos en el terreno de lo sagrado. El cadáver inspira terror y genera violencia si la muerte ha sido impuesta por mano ajena y enemiga. En otras ocasiones se genera culpabilidad como una sobre compensación del deseo inconsciente de la muerte del fallecido; la culpabilidad es el reproche y el disfraz del remordimiento.

 

El miedo tampoco acaba con la muerte puede surgir como miedo a la resurrección. No en vano los creyentes colocan pesados bloques y cierran las puertas de la manera más segura posible, en buena parte por el deseo inconsciente de que no salgan las almas a merodear.

 

Existen grados del miedo, grandes de la inquietud del temor del miedo propiamente dicho, el terror, el pavor, el pánico, el espanto, el horror. La angustia es una condición similar al miedo pero sin el objeto a usar. La angustia y la ansiedad son básicamente fuerzas de diferenciación del comportamiento que surgen de la perspectiva de un peligro y particularmente de lo desconocido. Es una disposición latente en todo individuo aunque hay quienes tienen más disposición para representarla.

 

Todo ser viviente en el medio en que vive es al mismo tiempo su fuente de subsistencia y la fuente de los peligros que vivir significa. Surge de ahí el doble sentido de seguridad por cuanto se obtiene satisfacción e inseguridad como uno de los estados emocionales básicos juntamente con el afán de poder, con el afán del orden, la nostalgia, todos ellos pueden expresarse en conductas y estados personales adecuados o inadecuados que pueden ir desde la depresión pasiva hasta la agresión más violenta. Lo que si es evidente es que los comportamientos tanto expresivos como agresivos son universales.

 

Es indudable que dialécticamente el hombre amenaza y expresa un afán de intimar como el preámbulo de la exterminación. La intimidación es, como lo dice Mannoni, un enarbolar la muerte. Existe una actitud cinética en el sentido del que amenaza pretende infundir miedo al amenazado y al mismo tiempo la amenaza significa el sentir menos miedo por parte de quien amenaza. Visto de otra manera la amenaza es una forma de ocultar el propio miedo.

 

En el juego de la agresión debe pensarse que el acercamiento de un desconocido puede significar por lo menos en la fantasía el acercamiento a un enemigo. El acercamiento a un conocido puede llevar consigo la certidumbre de que se acerca al amigo (en caso contrario se habla de traición).

 

El acercamiento al desconocido, enemigo, si tuviera un estímulo provocador de miedo desencadena un estado de alerta. Tanto como el que se acerca o el acercado han de estar prontos a responder, y en ocasiones es el miedo el que determina el comienzo del ataque tanto por parte del que se acerca como de que está a la expectativa. Sea como fuere el miedo significa una posibilidad de salvaguarda del individuo de un valor similar en ese sentido ante la violencia.

 

La etología hace ver con claridad como la aparición de un depredador o rival hace surgir una serie de conductas originarias surgidas del miedo que pasan a ser sea a la huída o al combate, aunque, eventualmente puede ser una conducta de acicalamiento si la cercanía es de una hembra (83).

 

El miedo como la violencia son proteiformes y están omnipresentes. Su compañía habitual del ser humano tanto en condiciones normales y la condición de anormalidad en cuanto sobrepasan los límites de lo adecuado para la mantención y la preservación del hábitat y de la vida en general.

 

Anormalidades

El pasaje de lo normal a lo anormal es cuando se pasa de lo real a lo simbólico. El miedo lo lleva cada cual dentro de sí mismo y en relación con los propios simbolismos. Las fantasías inconscientes que se ponen en juego para el desencadenamiento de los miedos patológicos por muy arcaicas y con frecuencia llevadas a la etapa fetal como temor a la separación parental (castración umbilical).

Etapa oral como temor a la devoración.

Etapa anal como temor a ser excretado o convertido en materia fecal. La etapa sexual como el temor a la castración.

Cada una de las producciones imaginarias están en relación con un deseo o un temor inconsciente. La imaginación sea la realización simbólica o el temor a la realización simbólica. En ambos casos la realización entraña también el temor (seducir al progenitor del sexo opuesto). Y otras palabras dialécticamente tanto la realización como la no realización en uno u otro caso conlleva temor.

Las situaciones arcaicas y/o olvidadas o concluidas, no reconstruidas ignoradas por el observador ignorante y por ello consideradas imaginarias son también fuentes de miedos y fobias.

Así suceden episodios breves y dramáticos que esperan la tolerancia del sujeto. Con frecuencia este incidente se repite y constituye un núcleo sobre el cual, por confluencia se extiende el temor a otras áreas.

El miedo es pues la consecuencia de múltiples situaciones emocionales, y se relacionan con el dolor, conduciendo ello sea a la huída o sea a la violencia.

 

El Terrorismo

Es la sistematización del extremismo en el miedo, en la tecnología del terror con el objeto de ejercer presión sobre el otro. La idea es coaccionar por medio del dolor y la muerte con la idea de que se lograría o se logra con ello una nueva modificación y una persuasión. Para Mannoni el terrorismo es un laboratorio del miedo su fondo está en el crueldad que siempre ha sido eficaz para el logro de objetivos donde predomina la fuerza.

 

Miedo y Sociedad

El miedo, como la moda, como ciertas aficiones deportivas, constituye manifestación de cohesión social. Tratándose del miedo colectivo este forma parte tanto de lo sagrado cuanto de lo profano. En este terreno se mezclan justamente el miedo, la violencia y lo sacral. Los dioses suelen ser hijos del miedo. Y lo sagrado inspira terror. Lo demoníaco es tan susceptible de aterrorizar como es lo divino.

Tratándose del miedo profano este se presenta en todos los niveles donde se mezclan con la violencia tanto estructural cuanto específica. Aquí debe colocarse el miedo a lo nuclear, a la bomba, al misil. También el temor a la guerra que es al par el temor a perder la guerra, al temor a perder la vida. La época contemporánea es una época de miedos y violencia en que se juntan con igual simpleza que hace muchos siglos todas las emociones arcaicas determinan y fundamentan la inseguridad ante un presente lleno de violencia y también un futuro lleno de violencia. El terror de la masa lo lleva cada uno de sus integrantes como el miedo al presente y al futuro. El inconsciente colectivo es la integración de los inconscientes individuales. El magma arcaico emocional, lo emocional que típica sigue siendo una constante de la humanidad independiente de los siglos que han pasado y de la aparente civilización que hubiera podido disminuir los aspectos nefastos del magma emocional.

Miedo y festividades según Mannoni forman parte del juego dialéctico de tensión y distensión, el miedo y la violencia son emociones del orden de lo sagrado porque lo sagrado es lo arquetípicamente inaccesible, inalcanzable. La fiesta y la revolución, el elemento sacrifical y las matanzas retalatorias en todos los aspectos son expresión de esas efervescencias emocionales donde la alegría de la fiesta esconde el terror a la muerte y el terror a la muerte satisface la satisfacción de matar al enemigo.

El miedo y la violencia son proteiformes y motores para proseguir la lucha contra el miedo en ocasiones vienen al crecimiento de todo aquello que aterroriza, vale decir lo sagrado (nación, Dios, raza, etc.) y la relación de sus símbolos. Siguen los comportamientos compensatorios que permiten que el individuo se torne héroe como asociación de esa conjunción inexplicable entre miedo y violencia.

En la representación estética también se encierra el miedo y la violencia bajo la aparente tranquilidad y paz. Las máximas expresiones que aclara esa paz virginal quedan sobrepuestas a la brutal regresión instintiva y a las matanzas de los enemigos de la fe. La severidad de la justicia esconde tan solo la brutalidad y las violentas bejaciones que en nombre de la ley imponen a millares de seres que la han trasgredido muchas veces por razones que están en la raíz misma de la injusticia.

Así, en ésta forágine en donde se encuentra el hombre, origen y llegada de lo más exquisito y de lo más horrendo que puede generarse su propia relación con el otro y con lo otro.